La experiencia de mirar lo cotidiano con lentes violeta

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La experiencia de mirar lo cotidiano con lentes violeta

Fotografía. Axel Lloret

La experiencia de mirar lo cotidiano con lentes violeta

 20 ABR 2014, 18:15 / Por: Penélope Moro

Perla Prigoshin, titular de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig), estuvo en Mendoza con un cometido: transformar en sentido común la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. Con la metáfora de las “lentes violetas”, les propuso a las mendocinas y a los mendocinos observar de cerca las conductas machistas que no se perciben a simple vista, que invaden nuestra cultura y que terminan sustentando la violencia física.

La abogada Perla Prigoshin, titular de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig) –dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación–  fue invitada por la Dirección de Mujeres, Diversidad y Género del Ministerio de Desarrollo Social y Derechos Humanos de Mendoza a exponer sobre la naturalización de las conductas machistas que afectan directamente la salud y las decisiones de vida de las mujeres.
Los códigos feministas, la calidez humana y la lucidez de Perla Prigoshin lograron una comunicación recíproca con el público, que se enriqueció de perspectiva de género, una herramienta que promueve la igualdad y a la que la propia referente le llama “los anteojitos que nos permiten leer las conductas machistas, desde las más chiquitas, que van más allá del ojo morado”.Lo personal es políticoAnte la sala repleta de mendocinas comprometidas con la causa de género, Perla relató la historia que terminó por posicionarla en la militancia de los derechos de las mujeres y que tiempo después la consagró en un espacio clave para materializar esa lucha, como es hoy la Consavig.Contó que contrajo matrimonio en plena adolescencia, cuando apenas tenía 15 años. No fue una decisión que tomara baja presión, sino porque en ese momento realmente era un anhelo. La convivencia duró tres años, dentro de los cuales la pareja, que se había establecido en Córdoba por razones académicas de él, tuvo dos hijos: un niño y una niña. La experiencia marital vivida durante ese corto tiempo, le bastó a Perla para decidir la separación y retornar a Buenos Aires con sus pequeños.

Ese fue el punto de inflexión en la carrera militante de Prigoshin. Durante la conferencia – que la complicidad presente entre las congéneres trasformó en una charla de compañeras – la referente siguió contando, por momentos ahogada en sentimientos desprendidos de aquellos recuerdos, que cuando le comunicó la determinación a su marido obtuvo como respuesta los más severos actos de violencia machista que habitualmente se viven dentro de la vida conyugal: “Se enojó mucho. Mientras me trompeaba me dijo algo a lo que durante años no le di la entidad que tiempo después pude otorgarle: ´Vas a ser mía por última vez´. Y me violó.”

Perla siguió adelante con su decisión, y días después escapó a Buenos Aires con sus hijos. Al tiempo descubrió que, producto de aquella violación, portaba un embarazo; aunque parezca redundante, viene al caso señalar: un embarazo no deseado, no buscado, consecuencia del “Vas a ser mía”, propio del patriarcado.

“No pude soportarlo, no está ni bien ni mal. Yo no soy una heroína, no pude portar ese embarazo”, expresó. Como su decisión de interrumpirlo sucedió décadas antes de que la Corte fallara a favor de los artículos del Código Penal -2012-  que habilitan la no punibilidad del aborto en casos de violación, Perla, al igual que miles de mujeres argentinas, se vio obligada a concretarlo en la clandestinidad: “Aborté en un departamento que recuerdo oscuro, con una partera, con dinero prestado por una tía. Cuando me desperté de la anestesia tuve la convicción de que no quería que ninguna mujer más viviese algo así”. Lágrimas, ahogos, aplausos, en el cuarto piso de la casa de Gobierno de parte de las decenas de mujeres que se identificaron con el relato femenino, muchas veces conocido desde la propia experiencia cuando se es mujer, pero que aún carece del coraje suficiente para salir a la luz.

A partir de esa experiencia, Perla abandonó sus estudios de matemáticas y comenzó a estudiar abogacía: “Aunque no sabía cómo se llamaba, ese día me hice feminista. Me prometí que ninguna mujer iba a pasar por una situación así”. Aseguró que al feminismo lo sigue llevando consigo, y aunque la omnipotencia de la adolescencia la fue perdiendo en el camino, en lo que de ella dependa “la violencia machista va a ocurrir cada vez menos, por lo menos en mi parte de la lucha”.

Lo que no se nombra no existe

Ni “ley de violencia”, ni “ley de las mujeres”. Perla se disgusta con ciertos tratamientos que recibe la norma porque explica que terminan por simplificar su real dimensión. “Es una ley de protección integral”, repite e insiste.

La resistencia palpable –y a veces inconsciente, cuando parte del sentido común creado en el seno de la cultura patriarcal– al cambio de paradigma que propone la Ley Nacional de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales N° 26485, se abastece de comentarios tales como:  “ahora todo es violencia de género”, “con qué van a currar ahora las mujeres”, “la violencia de género pero al revés también existe”. Estos recursos machistas fueron volcados en la charla por la propia Prigoshin para empoderar a las mendocinas con los reales beneficios que hoy aporta la legislación argentina en materia de defensa de los derechos de las mujeres.

“No permitan que se banalice de esta manera, hemos luchado mucho por ella. Tampoco es necesario que se sepan todos los tratados internacionales que la sustentan. Lo que tienen que entender es que la violencia es una conducta que se puede dar por acción u omisión, basada en una relación desigual de poder” señaló con referencia a la asimetría que existe entre los derechos y modos de relacionarse entre varones y mujeres. “No se trata de si hoy podemos trabajar, votar, estudiar, porque todavía no somos pares”, añadió.

Perla Prigoshin fue protagonista en 2010 del amplio proceso de reglamentación que se llevó a cabo sobre la norma sancionada en 2009. Desde ese lugar, explicó que está vigente en todas las provincias del país, a las que solo les cabe el trabajo procedimental por el cual se realiza la adhesión. Ese aspecto no avala que los poderes gubernamentales hagan desuso de ella, ya que al ser nacional consagra el derecho de que las mujeres vivan una vida sin violencia.

¿Por qué es solo contra las mujeres?

“La violencia es repudiable en todas sus formas. Pero si nosotras somos discapacitadas, negras, indias, pobres sufrimos una doble victimización. Entonces sí tenemos que tener una ley que nos proteja integralmente. Y porque además lo que no se nombra no existe”, en respuesta de la referente, que a continuación explicó que el propio Estado durante años disfrazó los casos de violencia machista como violencia familiar.

Argumentó con datos oficiales: en los casos de violencia familiar, el 85 por ciento de las víctimas son mujeres. Mientras que del 15 por ciento restante, solo en una cuarta parte los afectados son los varones; las otras tres corresponden a violencia ejercida sobre niños y niñas.

En una intervención donde confluyeron lo didáctico, la creatividad y el humor, la referente también respondió a un interrogante devenido en prejuicio, que se hace escuchar a medida que se avanza en la difusión de la norma: “¿Al final todo va a ser entendido como violencia contra las mujeres?”.

Esta idea excede a la ciudadanía en general y se asienta también los ámbitos legislativos, algo que, según la funcionaria, se evidenció en el momento en que se debatía el proyecto en comisiones. “Muchos diputados preguntaban eso a la par que consultaban por qué no incluir a los varones en el texto”, recordó la titular de la Consavig.

“Sí. El patriarcado es violencia, en el capitalismo subsisten diferentes formas de violencia contra la mujer; algunas son de urgente abordaje, pero en todos sus modos daña a las mujeres. Pensemos en nosotras: tenemos un físico, una psiquis, un patrimonio, un sexo, una representación interna del mundo”, propuso para dar cuenta de que las imposiciones masculinas generan los distintos tipos de violencia: física, económica, sexual, mediática y simbólica.

A esta explicación, Perla agregó la noticia de que las violencias no vienen compartimentadas, se manifiestan en “combo”; es decir, una lleva a la otra pero todas se apoyan en la simbólica y se expresan en diferentes modalidades: en la pareja, en el trabajo, en los medios, en la publicidad, en una charla entre vecinos, en la música, en las instituciones públicas, etcétera.

Las lentes violetas

A través de las lentes violetas que propone la referente de Consavig para advertir las conductas sexistas, durante la charla fue deconstruyendo los modos en que se aplica sistemáticamente la violencia machista y que tienen como sustrato a la violencia simbólica. Esta, en definición de la especialista, es la que construye subjetividades y moldea mentalidades que los legitima y los vuelve invisibles ante la mirada social. Aquella que a través de la educación, la publicidad, los cuentos infantiles, la música, el lenguaje, los medios, reproduce las asimetrías de poder y cronifica roles estereotipados: “La mujer dócil, la mujer bella, la mujer sensible. El hombre proveedor, ruin, cuanto más mujeriego mejor”, ejemplificó.

Entre los ejemplos que expuso, y que fueron sumando las asistentes, mencionó el hecho de que en el mercado laboral a la mujer se le exige determinado aspecto físico para obtener un puesto, mientras que a los varones no: “A nosotras nos piden que no nos embaracemos durante el tiempo que se estipule en el contrato de trabajo, pero a ningún nombre lo despiden por ser padre. Las tareas de cuidado son universo exclusivo de las féminas: no hay tantos maestros jardineros ni empleados domésticos. Son roles que debemos cumplir nosotras porque para el patriarcado, nacimos para el amor, ellos, para ganar dinero”.

Los mitos que rodean el acceso de las mujeres a cargos de públicos de importancia también son formas de violencia: “Las mujeres en ejercicio de poder son peores que los tipos”, ilustró. En este sentido, explicó que las mujeres que ocupan puestos decisivos pasan a ser interpretadas como “caricaturas de los hombres en el ejercicio del poder.” La causa de ello, para Prigoshin, es que las mujeres “aún no han aprendido a ejercer el poder desde un lugar femenino por el poco tiempo que llevamos de experiencia; cada vez podremos más”.

Por demás elocuentes resultaron los ejemplos expuestos al momento de develar cómo las ideas machistas penetran en las personas desde la infancia. Música, juguetes y literatura infantil al “servicio” del varón: “Educamos a futuros ingenieros atómicos y a futuras amas de casa cuando optamos por las ofertas del mercado que nos propone microscopios para los nenes y cocinitas rosadas para las nenas.  Los cuentos de hadas, de hermanastras y de princesitas rodeadas de hostilidades de parte del resto de sus congéneres, y a la espera de la salvación del príncipe, nos enseñan a estar separadas, a competir entre nosotras, a ser funcionales al machismo”, advirtió.

Entre los innumerables ejemplos que expuso, los de la violencia contra la libertad reproductiva dan cuenta de que es una de las más avasalladoras en sus efectos inmediatos, pues clausuran decisiones índividuales de las mujeres sobre su propia vida y sus cuerpos. “Cuando una mujer va al hospital a pedir que le liguen las trompas existe una tendencia por parte de los profesionales a hacernos cambiar de plan: ´Te vas a arrepentir después, sos joven´; ´¿Y si te divorciás, conocés otro hombre y te volvés a enamorar?´; ´Sos joven, tenés 18 años´. Yo pregunto: ¿qué les pasa que nos cuidan tanto de la cintura para abajo? A los chicos que mandaron a Malvinas, ¿les preguntaron qué sabían de la guerra? A los chicos de la Noche de los Lápices, ¿les dijeron ‘Andate a tu casa, qué podés saber de la vida con 16 años’?”.

“Unidas, partidas no existimos”

Luego de su conferencia, la coordinadora de Consavig, respondió a un conjunto de periodistas preguntas acerca de la coyuntura política en materia de género.

Durante la charla dijiste en un momento que en Mendoza no se puede decir “aborto”. ¿Por qué?

Fue una ironía. Vi mujeres y hombres que, cuando yo conté mi opinión respecto de la imperiosa y legítima necesidad de que se realicen los abortos no punibles, se levantaron y se fueron. Pero la gran mayoría se quedó y puso cara de “Qué suerte que lo dijiste, porque yo no me animo”. Vale la pena pelearla acá. Entiendo que Mendoza no ha adherido al protocolo de los abortos no punibles, pero no es necesario. La Corte avaló las interrupciones de embarazos no punibles en los casos que contempla el Código Penal. Además, la Ley N.° 26485 considera violencia institucional a quien se niegue a realizar una práctica lícita.

¿Cómo evaluás la aplicación de la ley a nivel provincial?

La ley prácticamente no se está aplicando. Los jueces tienen la obligación de hacer valer el derecho de la víctima, exista o no el procedimiento adecuado, y si no lo hacen es por desconocimiento o mala fe. Las normas por sí mismas no alcanzan, el principal objetivo desde ahora es convertir la ley en sentido común, lograr que las mujeres se apropien de este derecho que tienen y que lo puedan hacer valer.

¿Cuáles son tus expectativas de que este año el Congreso trate el proyecto para legalizar el aborto luego de cuatro intentos frustrados?

Soy emperradamente optimista; si no, no podría trabajar y militar en esto. Así que a todas las voces que plantean que este gobierno nacional y popular no se la va a jugar en estos dos últimos años de mandato para sacarlo, yo les digo que no es una tarea del Ejecutivo. Es una tarea del Congreso nacional. Confío en los representantes legislativos. El proyecto ha ganado mucha adhesión de la oposición. Ha llegado el momento de que muestren de que no tenemos despenalizado el aborto porque ellos no estuvieron antes en lugares de decisión.

¿Qué diagnóstico hacés del movimiento de mujeres de Argentina en la actualidad?

Lo veo muy unido en la lucha por la despenalización del aborto y muy fraccionado respecto del posicionamiento en cuanto a la prostitución. Hay una parte mayoritaria que es abolicionista y que hace de ese abolicionismo un arma de guerra. Y estamos las que nos ponemos en cuestión este tema. Yo me opongo a aprobar reglamentarismos pero tampoco sé si el problema pasa por el abolicionismo.

Otros puntos de quiebre es si se trabaja con varones o no; hay quienes quieren y otras que se oponen. También estamos las que pensamos que detrás de una mujer golpeada siempre hay un hombre violento, por eso estoy dispuesta a trabajar con varones. Creo que ellos son los perjudicados del patriarcado pero las víctimas somos siempre nosotras. Detrás de una mujer violentada siempre hay empresarios varones, maridos golpeadores, médicos perversos.

Creo que el movimiento de mujeres, como todo movimiento heterogéneo, por suerte no baja la bandera de la unidad. Digo “por suerte” porque en algunos momentos estuvimos a punto de fragmentarnos, pero en definitiva las mujeres tenemos claro que si así nos cuesta, partidas no existimos.

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